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Economía colaborativa: desaprender para volver a aprender

Economía colaborativa: desaprender para volver a aprender

Un poco de historia

Una de las principales tendencias disruptivas en el siglo XXI es la economía colaborativa o sharing economy. Pero, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a economía colaborativa? A priori puede parecer difícil definir o limitar el concepto. Es transversal, es innovadora y son numerosos los conceptos que forman parte de esta “nueva economía”, que ha existido históricamente. Porque compartir e intercambiar son usos presentes en la sociedad desde su inicio, incluyendo la propia naturaleza. Pero recientemente, gracias a la tecnología, se ha desarrollado a escala global a velocidad de crucero. Se unen así tres vectores clave en esta nueva economía: lo social, lo económico y lo tecnológico.

Entender el nuevo modelo económico frente a la economía clásica es todo un desafío. También parece complicado medir el impacto, las cifras y los datos que genera, pero poco a poco desciframos esta nueva realidad, que ha llegado para quedarse y transformar nuestro día a día y nuestra forma de consumir productos y servicios. Los variados puntos de vista con que analizamos la economía colaborativa, sus defensores y detractores o las dudas sobre su regulación no dejan a nadie indiferente. El debate sobre este nuevo fenómeno social está abierto.

Como refiere la CNMV (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia), “en los últimos años, de una forma acelerada, la innovación de las tecnologías de la información, la expansión de Internet, la generalización de dispositivos móviles con geolocalización e intercambio de datos de banda ancha, y la aparición de ecosistemas digitales, propietarios o abiertos, con nuevas plataformas y aplicaciones, está facilitando el desarrollo de estos nuevos modelos de acceso a bienes y prestación de servicios basados en compartir, reciclar y reutilizar”.

El concepto

Ray Algar acuña el término “economía colaborativa” por primera vez en el artículo del mismo título publicado en el boletín Leisure Report de abril de 2007. Un poco más tarde, en 2010, el concepto de consumo colaborativo comienza a popularizarse cuando Rachel Botsman publica el libro What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption.

Su creciente importancia es tal que el Comité Económico y Social Europeo de la UE, en su dictamen Consumo colaborativo o participativo: un modelo de sostenibilidad para el siglo XXI, señala:

La complejidad y trascendencia que acompañan a la emergencia del consumo colaborativo o participativo exige que las instituciones pertinentes, a partir de los estudios precisos, acometan regular y ordenar las prácticas que se desarrollan en su seno, de manera que puedan establecerse los derechos y responsabilidades de todos los agentes que en él operan. Por una parte, puede cubrir las necesidades sociales en casos de enfoque no comercial, y por otra, contribuir como actividad con ánimo de lucro, a generar empleo, cumpliendo con las normas fiscales, normas de seguridad, responsabilidad, protección del consumidor y demás normas imperativas.”

La economía colaborativa, compartir bienes o servicios, tiene una amplia variedad de formas. Automóviles, casas, cultura, financiación, alimentos, información y tecnología, entre otros bienes y servicios, pueden ser compartidos, con o sin contraprestación económica. El creciente número de emprendedores innovando y creando soluciones en las redes sociales, con nuevas apps y plataformas, ayuda a conectar a personas desconocidas con intereses comunes. Es decir, no sólo hablamos de Uber, Cabify, Blablacar, Airbnb, aunque estas sean las más conocidas y mediáticas debido a las diversas polémicas que ha generado su regulación (o falta de ella) y su modificación de las reglas de la competencia.

Además, según la Comisión Europea, se estimó que en 2015 los ingresos brutos de plataformas y proveedores colaborativos en la UE ascendió a 28.000 millones de euros. Los ingresos de la UE en cinco sectores clave casi se duplicaron en comparación con el año anterior y está previsto que sigan expandiéndose cada vez con más fuerza.

Eurobarómetro de la economía colaborativa

En marzo de 2016, la Comisión Europea encargó una encuesta sobre la economía colaborativa en los 28 países miembros de la UE que nos permite conocer el status comparativo de este modelo económico. Podemos ver los datos comparativos en el Eurobarómetro Flash Eurobarometer. España se encuentra entre los países donde este tipo de plataformas colaborativas son más conocidas.

La Comisión Europea presentó en 2016 la agenda para la economía colaborativa, incluyendo las orientaciones para que todas las partes afectadas (consumidores,  ciudadanos, empresas y autoridades públicas) puedan participar con confianza, sin incertidumbres, en este modelo de economía.

Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Fomento del Empleo, Crecimiento, Inversión y Competitividad, ha declarado que “una economía europea competitiva requiere innovación, ya sea en el sector de los productos o en el de los servicios. El próximo unicornio europeo podría derivar de la economía colaborativa. Nuestro papel es fomentar un entorno reglamentario que permita el desarrollo de los nuevos modelos de negocio, y, al mismo tiempo, proteja a los consumidores y garantice una fiscalidad justa y unas condiciones de trabajo equitativas.”

La economía colaborativa en España

La CNMC ha publicado por primera vez en España los resultados de su estudio Panel de Hogares de abril-junio de 2016 dirigido a conocer el uso de las plataformas de economía colaborativa en nuestro país.

Los resultados muestran que las plataformas colaborativas más empleadas son las de compra o alquiler de productos de segunda mano y casi un 27% de los internautas las usan al menos una vez al año. Vienen seguidas de las que permiten el alojamiento en casa de otro particular (9,7%) y de aquellas que facilitan compartir trayectos en automóvil entre ciudades (6,4%). Las plataformas con menor uso son las destinadas al transporte urbano (2,4%), a la realización de trabajos y tareas (3,7%) y a la financiación de proyectos (4,4%).

La CNMC también señala que “uno de cada tres internautas utiliza plataformas de economía colaborativa al menos una vez al año.”

Dentro de las funciones propias de la CNMC, recogidas en la Ley 3/2013 y destinadas a  promover la competencia, podemos leer la interesante consulta pública realizada por esta comisión en abril de 2016 sobre las conclusiones de los nuevos modelos de servicios y la economía colaborativa.

Por su parte, el colectivo de empresas de economía colaborativa Sharing España ha elaborado un documento donde recoge los 13 principios y buenas prácticas que se comprometen a cumplir las más de 30 plataformas colaborativas que conforman la asociación. El objetivo es actuar “en defensa del desarrollo y de la reputación de la economía colaborativa y la protección de sus usuarios”.

También desde Sharing Madrid han adelantado algunos datos del primer informe sobre las cifras de la economía colaborativa en España, impulsado por Adigital (Asociación Española de la Economía Digital), Círculo de Empresarios, Fundación de Estudios Financieros y Cotec, con la ejecución de Fundación EY. 

Según este estudio, el 55% de la población española usó servicios de economía colaborativa al menos una vez en el último año. La mayoría, entre el 35% y el 40%, lo hizo a través de plataformas de compra-venta de bienes de segunda mano, seguido por el alojamiento (30-35%) y el transporte (10-15%).

Sharing España es un colectivo que nace dentro de la Asociación Española de la Economía Digital y que agrupa diferentes empresas de la economía colaborativa, bajo demanda y de acceso, con el objetivo de analizar y divulgar el impacto que estas nuevas economías y los modelos basados en plataformas tienen en el desarrollo socioeconómico y en la sostenibilidad.

En el evento Sharing Madrid 2017, celebrado en Julio, se abrió un debate plural e inclusivo, sobre los nuevos modelos de negocio para el turismo, la movilidad, la energía, las smart cities. Tras esta primera edición, Sharing Madrid pretende convertirse en el punto de partida de un debate abierto sobre esta nueva economía.

La economía colaborativa en Portugal

En 2017 llegó a Portugal Ouishare, la organización francesa que promueve la economía colaborativa. El evento Ouishare Summit juntó, entre el 16 y el 19 de marzo, a personas de todo el mundo con el objetivo de debatir los cambios en las grandes empresas a nivel mundial y las nuevas tendencias. En Lisboa, conocida como fábrica de startups, se reunieron para a debatir la resiliencia en las organizaciones.

Ouishare fue fundada en 2012 por Antonin Leonard, que estuvo presente en el evento, y cuenta con cerca 6 mil miembros en todo el mundo que trabajan para promover la economía colaborativa. En Portugal, son cerca de 20.

“Lisboa es hoy una ciudad que atrae personas de todo el mundo y toda la gente tiene curiosidad para entender lo que aquí está sucediendo. Y entonces, por qué no traer Ouishare a Lisboa, reunir cerca de 70 personas de todo el mundo para hablar de economía colaborativa, organizaciones resilientes y descentralizadas”, indica a los medios Inês Santos Silva, la organizadora local del evento.

Para Santos Silva, la economía colaborativa en Portugal tiene aún “mucho espacio para crecer”, ya que “en Portugal no encontramos muchas startups que trabajen en estas áreas. Francia es un buen ejemplo, Estados Unidos también; pero creo que hay mucho espacio para desarrollar, considerando este desafío que es la estabilidad y la seguridad de los que trabajan en la economía colaborativa”, finaliza.

Otras formas de economía colaborativa

Los espacios de coworking u oficinas compartidas y el crowdfunding, iniciativas para financiar proyectos de forma colectiva, son algunas de las formas alternativas más extendidas de economía colaborativa. Sin embargo, aún estamos descubriendo nuevos enfoques y reinventando los ya conocidos. Volvemos, pues, al inicio: desaprender para volver a aprender.

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