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Bicicletas eléctricas para un transporte sostenible en la ciudad

Bicicletas eléctricas para un transporte sostenible en la ciudad

El transporte ha evolucionado en los últimos años gracias a la unión de muy diferentes fuentes de energía, pero, ¿dónde queda la energía humana? La bicicleta se ha convertido en uno de los medios de transporte más importantes de la ciudad. Los entornos urbanos han implementado este vehículo como medio para aliviar la congestión de tráfico en la carretera, además de convertirse en un gran aliado en la lucha contra la contaminación.

Si a esto le unimos que la electrificación del transporte es una de las claves con las que se cuenta en la actualidad para reducir emisiones, es sencillo deducir cuál era el siguiente paso: la bicicleta eléctrica. La evolución de este vehículo ha resultado de vital importancia para el desarrollo de un transporte eficaz y responsable con el medio ambiente en la ciudad.

Protagonista de un movimiento de electrificación del transporte

Car sharing, coches eléctricos, gas natural vehicular, innovación en nuevos conceptos de transporte como Hyperloop. La movilidad sostenible está evolucionando. Nadie puede negar que en las últimas décadas se ha producido una mejora en el transporte urbano que permite dibujar un futuro libre de emisiones.

La bicicleta eléctrica es una de las grandes protagonistas de este desarrollo. Hasta 40 millones de bicicletas eléctricas se habrán vendido en 2023 según las estimaciones de Technavio. Sin duda, el estilo de vida saludable y el ahorro económico de la bicicleta frente a otras alternativas como el coche son algunas de las razones que más están haciendo crecer a este tipo de bicicletas.

Pero, ¿a qué equivale esto? Para hacernos una idea, según otro estudio del Institute for Transportation and Development Policy, el 22% de la distancia recorrida en la ciudad en 2050 se hará en bicicleta eléctrica. Las grandes ciudades europeas y chinas son los principales escenarios en los que más se desarrolla su extensión, mientras que en otros territorios como Estados Unidos crece cada vez más rápido como alternativa sostenible.

La introducción del motor eléctrico a una bicicleta que facilite y simplifique el proceso de pedaleo está fomentando su incorporación en un entorno urbano que ha de prepararse para mantener modelos sostenibles. Para ello, animar a que los ciudadanos reduzcan el uso de coches tradicionales y abracen otras alternativas sostenibles es una responsabilidad que las organizaciones deben saber manejar.

Bicicletas eléctricas en la ciudad

Acciones para fomentar un transporte urbano más responsable

Si analizáramos las alternativas de transporte de cada ciudad, la bicicleta eléctrica aparecería entre los puestos más altos. No es solo una cuestión de sostenibilidad, son muchas las ventajas de la bicicleta eléctrica y es necesario que la población sea consciente de ellas para fomentar su uso.

El precio y sus posibilidades están entre ellos: es mucho más económica que un coche tradicional y uno eléctrico y es más versátil que el transporte público. De hecho, su uso se adapta a cada ciudad al permitir recorrer distancias más largas y subir cuestas con menos esfuerzo gracias a su motor. Son ese movimiento fluido y su carácter sencillo los que la hacen perfecta para el entorno urbano.

Es por esto que las organizaciones están comprometidas a dar a conocer sus virtudes e incrementar el número de ciudades en las que aumenta su uso. Un ejemplo ha sido la iniciativa puesta en marcha en Sevilla, por la que hemos implantado un programa piloto con el que instalamos cinco puntos de recarga para este medio de transporte, así como el uso de cinco bicicletas eléctricas que los empleados de Endesa podrán utilizar de forma gratuita, mediante un programa de reservas.

Sevilla es un ejemplo de ciudad en el que el transporte es cada vez más sostenible. Hasta un 10% de su población utiliza la bicicleta como medio para circular, y es que la capital está considerada una de las mejores ciudades para recorrer a través de este vehículo. De hecho, la red de circulación de carriles bici tiene una extensión de 140 kilómetros, principalmente llanos.

Es un modelo de transporte económico, saludable y que ayuda a combatir el cambio climático. Sus ventajas ya han llenado los carriles de numerosas ciudades dentro y fuera de Europa. Ahora es el turno de fomentar y facilitar su uso, ¿te subes?

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