Vivimos tiempos apasionantes. Nuestra civilización está cambiando rápidamente mientras nuevas tecnologías emergen a un ritmo incesante, y nuestras ciudades disponen de una oportunidad sin precedentes para aprovechar estas tecnologías y volverse más inteligentes, creativas e innovadoras.

En este artículo, repasaremos la evolución de las Smart Cities y presentaremos las tendencias y características que están definiendo el futuro de nuestras ciudades.

La ciudad como servicio

Tradicionalmente, solemos pensar en las ciudades como grandes entidades geopolíticas con una administración centralizada y burocracia compleja. Durante mucho tiempo, la idea de participación ciudadana ha estado ausente en el diseño y control de estos sistemas.

Sin embargo, este clásico paradigma de gobernanza jerárquica, inflexible e ineficiente, está sufriendo una profunda transformación en regiones urbanas de todo el mundo.

La tecnología hizo posibles las grandes poblaciones; ahora las grandes poblaciones hacen la tecnología indispensable.

– Joseph Wood Krutch

En la última década, las tecnologías digitales han empezado a invadir nuestras ciudades, cambiando la forma en la que vivimos, trabajamos e interactuamos, y formando la base de una gran infraestructura inteligente diseñada para resolver nuestros mayores problemas y mejorar nuestra calidad de vida.

Cuatro tendencias globales convergentes son las responsables de este nuevo escenario:

Urbanización global

En el año 1900, solamente el 14% de la población mundial vivía en zonas urbanas. Hoy, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población global reside en ciudades, y se prevé que esta cifra llegue al 70% en el año 2050. Las megaciudades se han convertido en los nuevos clústeres socio-económicos del mundo. Para el año 2025, se espera que haya al menos 40 megaciudades — ciudades con más de 10 millones de habitantes — en todo el planeta.

Gestionar eficientemente estas nuevas regiones urbanas se ha convertido en uno de los retos más importantes del siglo XXI. Si se hace correctamente, las ciudades ofrecen una gran oportunidad para el desarrollo económico y la extensión de servicios públicos tales como la educación y la sanidad a un gran número de personas.

Habitualmente, suministrar transporte público, vivienda, electricidad, agua y otros servicios para una población altamente densificada es más barato y menos dañino para el medio ambiente que proveer servicios similares a una población rural dispersa. Pero si no se gestiona bien, este incremento de concentración urbana puede llegar a amplificar problemas existentes o generar nuevos inconvenientes y riesgos para la población.

Democratización de la tecnología

La amplia adopción de herramientas de comunicación móvil y redes sociales, así como el fácil acceso a aplicaciones, servicios e información prácticamente ilimitada a través de Internet, ha tenido un impacto inmenso en la sociedad y la política actual. Al hacer la tecnología más accesible, las ciudades pueden crear un valor masivo para su público.

Los modos tradicionales de política representativa y administración burocrática se han usado durante décadas, incluso siglos, y fueron generalmente diseñados para ejercitar un control sobre la población. Estos sistemas han dado lugar a una sociedad desarrollada y una cultura basada en la estricta regulación y el cumplimiento de normas. Pero hoy, las redes y dispositivos digitales están cambiando todo esto.

Actualmente, vivimos en una sociedad hiperconectada e inundada con información en tiempo real. El conocimiento y la experiencia ya no están centralizados, sino distribuidos. Gobernar no consiste solamente en ganar elecciones y dictar leyes burocráticas; se trata de entender a la gente, recoger y gestionar esta información de forma efectiva para crear nuevas oportunidades para el comercio y la vida social.

Cultura colaborativa

Al aprovechar las tecnologías digitales, los gobiernos pueden hacer uso de la inteligencia colectiva de muchas personas y organizaciones para trabajar en la solución de problemas urbanos, cocrear nuevas actividades y entablar con ellos una relación más cercana y directa. El crowdsourcing y la innovación abierta son herramientas increíbles con el potencial de mejorar tanto los servicios públicos como para la creación de nuevas oportunidades de negocio.

Como consecuencia de esto, están emergiendo nuevos modelos de negocio colaborativos que consiguen agitar la economía. En la era digital, los consumidores ya no necesitan poseer activos, sino que pueden pagar por acceder o consumir recursos compartidos bajo demanda, a través de diversos modelos de servicios.

Sin embargo, la proliferación de las redes digitales y la economía colaborativa ha creado también algunos problemas, a la vez que soluciones. El más importante de ellos es la desigualdad entre los ciudadanos, y el impacto de la automatización y la inteligencia artificial en muchos puestos de trabajo tradicionales.

Big Data

Algunos expertos afirman que “los datos son el nuevo petróleo”. Aunque esta no sea una muy buena analogía — el petróleo es un recurso finito, mientras que los datos son crecientemente abundantes —, no hay duda de que los datos son un recurso muy valioso para las ciudades.

El análisis de Big Data puede fundamentalmente cambiar las poblaciones urbanas a diferentes niveles. Es esencial para entender cómo se mueve la gente, cómo se usa la energía, cómo interactúan los diversos componentes de su infraestructura, etc, permitiendo tomar mejores decisiones y maximizar la eficiencia en nuestras ciudades.

A pesar de esto, se plantean dudas acerca de hasta cuándo tolerarán los ciudadanos el creciente e invasivo nivel de recolección de datos. Gracias a los teléfonos móviles, a las cámaras de seguridad y a los dispositivos wearables, vamos dejando huellas digitales de todo lo que hacemos y allá adónde vamos, de forma que la información privada acerca de nuestras acciones, comportamiento o preferencias puede ser analizada para crear modelos que permitan tomar mejores decisiones, pero nuestra privacidad también puede verse comprometida.

Por eso, la confidencialidad y la seguridad deben jugar un papel principal en cualquier estrategia de Smart City, o de lo contrario los ciudadanos pueden temer la introducción de nuevas tecnologías.

La ciudad como plataforma

Al igual que muchas empresas tradicionales se están dando cuenta que la era digital las está empujando a transformarse en plataformas, las ciudades también necesitan llevar a cabo una transición en este entorno tan rápidamente cambiante.

Tendemos a pensar en el gobierno como algo que hace cosas, pero también deberíamos pensar en el gobierno como algo que permite que sucedan cosas.

– Tim O’Reilly

En el presente, muchas ciudades están abandonando el tradicional modelo de gobernanza centralizada para adoptar una mentalidad más enfocada al ciudadano, redefiniendo sus funciones básicas para volverse más sensibles y transparentes.

A continuación, estudiaremos las cuatro características que facilitan esta transformación:

Infraestructura inteligente

Históricamente, la infraestructura urbana ha sido desarrollada como respuesta a problemas graves o emergentes, como desastres naturales. Pero en lugar de ser reactiva, la infraestructura inteligente necesita ser proactiva y adaptable, siendo capaz de anticipar y predecir futuros problemas.

La conectividad es uno de los pilares más importantes para el éxito de cualquier Smart City. Invertir en nuevas tecnologías como el 5G suministrará la infraestructura necesaria para sustentar el Internet of Everything (IoE), que facilitará la conexión permanente de cosas, personas y empresas.

IHS estima que el número de dispositivos conectados crecerá desde los 15.000 millones en 2015 a los 75.000 millones en 2025. Vehículos, luces, cámaras, sensores y medidores – todo va a estar conectado a la red, permitiendo la aparición de nuevos casos de uso y modelos de negocio.

Liderazgo visionario

Los líderes de nuestras ciudades deben inspirar, convencer y guiar a los demás actores por un camino que asegure el progreso y la sostenibilidad de las comunidades locales.

La resiliencia y la competitividad son atributos esenciales para cualquier Smart City, por lo que la visión de los líderes debe estar orientada hacia ellas. Al desafiar el status quo, las ciudades inteligentes pueden redefinir los servicios públicos, encontrando maneras de volverse más eficientes y acomodando nuevos modelos de negocio innovadores en su economía local.

No sólo las grandes megaciudades necesitan reconducir sus estrategias, sino también las pequeñas ciudades y pueblos deben pensar creativamente y establecer objetivos ambiciosos que estén alineados con el interés de todos los actores para poder crecer y llegar al éxito.

Entorno abierto

Al compartir información y enfocarse en resultados en lugar de normas, los gobiernos pueden empezar a tirar las barreras y construir puentes para ser más accesibles y transparentes.

Una de las formas de las que una ciudad puede ser más abierta, es abriendo sus datos. “Abierto por defecto” debería ser una política obligatoria para cualquier Smart City.

El Open Data no solo ayuda a los gobernantes a tomar mejores decisiones, sino que también incrementa la transparencia, crea responsabilidad y permite a ciudadanos y empresas tomar un papel más activo al permitir nuevas formas de pensar sobre la resolución de problemas, y creando nuevas oportunidades para generar desarrollo social y económico en la ciudad.

Ciudadanos inteligentes

En las ciudades, generalmente los proveedores establecen una relación contractual lineal con los gobiernos, suministrando sus servicios mediante un proceso rígido y estructurado. En el modelo tradicional de PPP (Private-Public-Partnership), los clientes reales (los ciudadanos) normalmente quedan fuera de esta ecuación.

El nuevo modelo Private-Public-People-Partnership ayuda a las ciudades a salir de este enfoque tradicional, enfatizando un proceso de innovación más abierto, fomentando la colaboración de múltiples empresas e individuos, y al mismo tiempo facilitándoles ser a la vez usuarios y proveedores de servicios.

Esto permite a los Smart Citizens dejar de estar limitados por las normas y jugar un papel más importante en la resolución de problemas al participar en la cocreación de servicios públicos diseñados desde la base.

La ciudad como ecosistema

El reto actual es cómo redefinir Smart City como un ecosistema cívico, innovador y sostenible que permita empoderar a ciudadanos, empresas y otros actores para marcar las pautas del futuro conjuntamente.

Los retos globales necesitan soluciones colaborativas, por lo que la colaboración y la cocreación es esencial, y las ciudades están llenas de gente comprometida y preparada para participar en este importante desafío.

La mejor forma de predecir el futuro es inventándolo.

– Alan Kay

La futura vitalidad de nuestras ciudades se basa en su habilidad para usar las tecnologías digitales de forma estratégica e innovadora. Orquestar el ecosistema de las Smart Cities es una combinación de arte y ciencia que mezcla culturas, prioridades y modelos de negocio de forma dinámica, alineando los objetivos de entidades y personas para alcanzar una visión común que permita el desarrollo social y económico de las ciudades a escala global.

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